No te vayas. No abandones mi
mente, nunca. Puedes quedarte aquí y hacerme feliz. Repasaré cada palabra y
cada gesto tuyo hasta encontrar diario algo nuevo que me permita pintarnos un
mundo donde seamos uno. Dónde el tiempo se detiene cuando conversamos, pero lo
que decimos se rehace una y otra vez hasta ser perfecto. Acomodaré en mi
imaginación un sillón dónde puedas sentarte a leer todas las tardes y una
ventana por la que veas la lluvia caer. La cafetera sonará todas las mañanas y
su amargor se derramará sobre la estufa porque he olvidado que existe todo lo
que te rodea. Me levantaré de la silla y me iré acercando lentamente, hasta
satisfacer la imperiosa necesidad de sumergir mis dedos en tu cabello. Hace cuánto
tiempo que lo he deseado, rebobinando la imagen una y otra vez. Ese mundo
onírico se va sumergiendo en tu voz y aparece tu aroma a ropa limpia. Puedes
quedarte a vivir aquí por siempre. Escucharé atentamente tus historias.
Estudiaré los detalles de tu rostro. Y nunca sabrás que dentro de mí vive otro
tú, que me acompaña en cada momento.
Apenas y me miras cuando hablas
pero… cuando tu mirada se posa sobre mí cambia. Se vuelve un hoyo negro que me
engulle en su intensidad. Mi corazón explota y vuelve a serenarse. El universo
se ha creado. Apartas tus ojos rápidamente. No quieres que lo note, pero el
hoyuelo de tu mejilla te traiciona cuando intentas esconder la sonrisa que
asoma entre tus labios. Cada vez que mi mirada acaricia tu imagen te vuelves el
reflejo de mi propio rostro. Es entonces que me doy cuenta. No importa con
quién hables, siempre me hablas a mí. Yo también vivo en ti. Un yo que tú has
creado, ese que te escribe y se preocupa por ti, el que sonríe inevitablemente
cada vez que te mira. Soy quien acompaña tus conversaciones cuando estás en
silencio y la gente no sabe que mientras miras la pared estás discutiendo
conmigo y me dices que me quieres.
Me pides que no me vaya y yo te pido que no te
quedes. Los dos podremos amarnos eternamente, porque jamás vamos a pelear,
jamás desaparecerá la emoción de besarnos, no importa los años que hayan
pasado. Nos amamos por eso, porque nos tocamos más allá del tiempo y del
espacio. En otra dimensión, dónde no existen las preocupaciones de una vida
ordinaria, dónde no importan aquellos defectos que ahora no notamos uno del
otro. Te pido que no te vayas nunca, mientras me pides que no me quede. Sólo
así lo que sentimos nunca morirá. No lo matará cruelmente la realidad. Siempre
estaremos tú y yo, abrazados en ese sillón, mis dedos enredados entre tu
cabello, mis labios en los tuyos, grabados en materia gris, creados por
nosotros, indestructibles por el mundo. Me pides que no me vaya mientras te
pido que te quedes. Así te amo y quiero guardar este recuerdo de ti, impoluto
de discusiones, lleno de admiración. Aquí nada importa, somos libres de
amarnos, libres de nosotros mismos y libres del otro. Cuando los dos universos
se tocan, tú y yo sonreímos a la vez con un destello en la mirada. Luego cada
quién agarra su camino y regresa a casa.
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