sábado, 26 de marzo de 2016

Amor platónico

No te vayas. No abandones mi mente, nunca. Puedes quedarte aquí y hacerme feliz. Repasaré cada palabra y cada gesto tuyo hasta encontrar diario algo nuevo que me permita pintarnos un mundo donde seamos uno. Dónde el tiempo se detiene cuando conversamos, pero lo que decimos se rehace una y otra vez hasta ser perfecto. Acomodaré en mi imaginación un sillón dónde puedas sentarte a leer todas las tardes y una ventana por la que veas la lluvia caer. La cafetera sonará todas las mañanas y su amargor se derramará sobre la estufa porque he olvidado que existe todo lo que te rodea. Me levantaré de la silla y me iré acercando lentamente, hasta satisfacer la imperiosa necesidad de sumergir mis dedos en tu cabello. Hace cuánto tiempo que lo he deseado, rebobinando la imagen una y otra vez. Ese mundo onírico se va sumergiendo en tu voz y aparece tu aroma a ropa limpia. Puedes quedarte a vivir aquí por siempre. Escucharé atentamente tus historias. Estudiaré los detalles de tu rostro. Y nunca sabrás que dentro de mí vive otro tú, que me acompaña en cada momento.

Apenas y me miras cuando hablas pero… cuando tu mirada se posa sobre mí cambia. Se vuelve un hoyo negro que me engulle en su intensidad. Mi corazón explota y vuelve a serenarse. El universo se ha creado. Apartas tus ojos rápidamente. No quieres que lo note, pero el hoyuelo de tu mejilla te traiciona cuando intentas esconder la sonrisa que asoma entre tus labios. Cada vez que mi mirada acaricia tu imagen te vuelves el reflejo de mi propio rostro. Es entonces que me doy cuenta. No importa con quién hables, siempre me hablas a mí. Yo también vivo en ti. Un yo que tú has creado, ese que te escribe y se preocupa por ti, el que sonríe inevitablemente cada vez que te mira. Soy quien acompaña tus conversaciones cuando estás en silencio y la gente no sabe que mientras miras la pared estás discutiendo conmigo y me dices que me quieres.

Me pides que no me vaya y yo te pido que no te quedes. Los dos podremos amarnos eternamente, porque jamás vamos a pelear, jamás desaparecerá la emoción de besarnos, no importa los años que hayan pasado. Nos amamos por eso, porque nos tocamos más allá del tiempo y del espacio. En otra dimensión, dónde no existen las preocupaciones de una vida ordinaria, dónde no importan aquellos defectos que ahora no notamos uno del otro. Te pido que no te vayas nunca, mientras me pides que no me quede. Sólo así lo que sentimos nunca morirá. No lo matará cruelmente la realidad. Siempre estaremos tú y yo, abrazados en ese sillón, mis dedos enredados entre tu cabello, mis labios en los tuyos, grabados en materia gris, creados por nosotros, indestructibles por el mundo. Me pides que no me vaya mientras te pido que te quedes. Así te amo y quiero guardar este recuerdo de ti, impoluto de discusiones, lleno de admiración. Aquí nada importa, somos libres de amarnos, libres de nosotros mismos y libres del otro. Cuando los dos universos se tocan, tú y yo sonreímos a la vez con un destello en la mirada. Luego cada quién agarra su camino y regresa a casa. 

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